viernes 3 de febrero de 2012

El Coronel sí tiene quien le escriba (Mario Rovel)

Me enternece el frío matutino
y el deshielo de los parabrisas,
pero me preocupa que se acabe el oxigeno
a estas alturas sobre el nivel del mar,
el ruido de los teléfonos sin contestar,
el café soluble sin la mezcla exacta...
Don Mario siempre sabía cómo solucionar esas preguntas.

El grifo me ha contado el rumor.
Que los trastes sucios sobre el fregadero
se reúnen cada madrugada
y han formado una asamblea;
están preocupados,
creen que hemos secuestrado a mi padre
y planean levantarse en armas.
Exigirán que lo presentemos sano y salvo,
con las manos limpias de mañana
para ser lavados puntualmente.

La verdad, sí me preocupan.
Durante años mi padre fue su mentor.
Los conocía de sobra,
se preocupaba por ellos.
Estaba al tanto de sus problemas,
sabía sus nombres y el tiempo que llevaban aquí.
Los trataba de manera cortés
para que ninguno se fuera a romper
y siempre les buscaba un buen lugar
donde pudieran secarse a gusto
y después reposar en algún rincón tranquilo,
hasta que volvieran al trabajo.

Pobres. A ellos también les hace falta el viejo.

La casa entera se caerá a pedazos si no vuelve pronto.
La sala presenta malestares,
las chucherías están perdiendo su identidad
porque nadie sabe dónde iban
o cómo ponerlas
y los nietos lo esperan cada tarde en su recámara.

La verdad es que el viejo nos falta a todos
y será mejor que se lo diga
porque hoy lo encontré triste en su cama.

Mañana sabrá que tiene una gran responsabilidad,
que la patria entera que él fundó
-y a la que se entregó con tanto amor-
puede venirse abajo de un momento a otro
y necesita de su Coronel
para seguir viva, feliz.
Pero sobre todo lo necesito yo,
porque no sé qué haré sin el lado izquierdo de mi cuerpo
que es mi símbolo revolucionario
y donde él me puso el corazón.

martes 6 de diciembre de 2011

Anclaje al mundo (Mario Rovel)

No sé dónde fue, en qué rincón del mundo
o en qué milagro, en qué acertijo, en qué laberinto.

Si fue en la agonía del verano
o en la reminiscencia del otoño;
al atravesar distraído por la calle
sin un conejo en la chistera
o en el tropiezo de una frase al bajar de tu auto.

Si fue en la banca oxidada de aquella noche en los portales,
cuando llevabas una paloma en la boca
que temblaba de miedo por saberse viva todavía.

Si fue en el fulgor de un beso tímido
en la cochera oscura de una canción marina
cuando un albatros recorrió tu cuerpo
como un cometa por el firmamento.

En tu gusto por el té, en tu miedo a los caballos
o en las rosas con espinas que guardas debajo de tu almohada.

No sé dónde fue,
pero me anclaste al mundo
y te apoyaste en mi hombro.

Ahora se acerca el invierno pero ya no asusta;
los peces tienen agua limpia,
hay leña suficiente entre las manos
y los girasoles han crecido fuertes.

Diciembre puede ser una conquista.

lunes 28 de noviembre de 2011

Paciencia del otoño (Mario Rovel)

Escribirte poemas es hacer la vida;
transitar del caos relampagueante de mis naufragios,
a los mansos valles de tus ojos
como una barca que ha encontrado puerto después de la ventisca.

Pero quererte tal como te quiero
es repetición constante a mi propio tiempo;
una defensa por la paciencia del otoño
porque los labios se me ponen intranquilos cada día:
         desean los tuyos, no los culpo.

Mi corazón hierve, se agranda,
          se llena de valentía,
revolucionario, lucha por conquistarte,
para que aceptes venirte a vivir conmigo a una patria libre de simulacros.

viernes 18 de noviembre de 2011

Confesión de otoño (Mario Rovel)

No quiero para mí las aceras rotas
por  las que se filtran labios secos
después de la lluvia,
ni los anillos en la corteza de los parques
que han visto a las parejas brillar
como luciérnagas en una ciudad oscura:
                                                            ellos no saben que son mi héroes,
                                                            criaturas trágicas, asombrosas,
                                                            Prometeos a la hora del olvido.

No quiero para mí un jardín devastado
con cíclopes putrefactos,
ni estelas con tu nombre
invadiendo las paredes como moscas,
ni el verso del huracán entre mis manos.

No quiero para mí el dolor del barro quebrándose por todo el cuerpo,
desde el más invisible alvéolo 
hasta el brillo de un melancólico átomo
que ha extraviado su lugar en el universo;
ni los diálogos del rencor con el espejo
o el barniz de nuestras caricias evaporándose en la almohada.

No quiero para mí el amor si no tiene espinas,
ni la miseria de mi corazón
si un día se vuelve abismo.

viernes 4 de noviembre de 2011

Marea Baja (Mario Rovel)

Hay días de marea baja,
de corazón expuesto
como desnuda peña
castigada por el sol.

¿Dónde te has metido luna?
¿A dónde migró el musgo?
                                         húmeda coraza de vida
                                         contra la muerte.

Hay días extraños
donde por más que lucho
no encuentro acomodo en tus ojos:
                                                        de la boca mejor ni hablamos.
y te busco en silencio
y mi susurro escala por tu recuerdo:
                                                          con discreción
                                                          como una araña por la corteza de un roble que ha caído
y permaneces inmóvil
como un ojo de agua en el invierno.

Danza de tus fantasmas,
mis duendes callan,
la angustia del medio día
me quema el corazón,
me evapora la sangre por tu duda.

Alguien grita pasajeros a bordo...
¿Es que podrán más tus miedos
que los sueños de mi canción marina?